DOS MUNDOS PARA DOS CIVILIZACIONES

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Dos Estados para dos pueblos no es suficiente

El mundo está inmerso en una lucha sin cuartel entre la Civilización Occidental y el Fundamentalismo Islámico. Cuando las fuertes y conmovedoras imágenes sobre la guerra entre Israel y los terroristas del Hamás se apaguen, pondremos más atención sobre el problema global que nos aqueja y del cual este conflicto es sólo un pequeño apéndice.

Israelíes y palestinos deberían vivir en paz 
Es imposible buscar una solución para que israelíes y palestinos convivan en paz mientras el grupo terrorista mantenga su poder en la Franja de Gaza. Aún sin Hamás en el poder va a ser muy difícil llegar a fórmulas encaminadas a una convivencia. La sangre está demasiado fresca. Los ciudadanos israelíes y los civiles palestinos están demasiado heridos en cuerpo y alma.
Llevará un tiempo para que las heridas profundas puedan comenzar a cicatrizar. Si Hamás sale fortalecido porque el gobierno de Netanyahu no los quiso derrocar, significará que se hizo una mala lectura de la guerra y de sus resultados. En poco tiempo volverá a repetirse el mismo enfrentamiento, cada vez con armas más sofisticadas, cada vez con más víctimas. Todas las guerras terminan. Recién entonces podremos apreciar la verdadera situación y las posibles opciones. Hamás ya está organizando en Europa, reuniones con sus benefactores para conseguir fondos que permitan “reconstruir Gaza”, pero ya sabemos a dónde irían a parar esos fondos. Sería un grave error canalizar las ayudas por medio de quien las ha utilizado en provecho propio o para conseguir misiles, explosivos y armamento. En poco tiempo todo estaría como antes, incontrolable y peligroso pero en mucho mayor escala. Las propuestas de tregua suponen la apertura de los pasos fronterizos. En las condiciones actuales equivaldría a un suicidio. Descontamos que habrá ayudas y que estas llegarán en forma urgente. Si no se asegura que lo que se consiga llegue a buenas manos, la historia volverá a repetirse en menos tiempo del que pensamos.

Hacen falta dos mundos y solo tenemos uno
Tenemos un solo mundo y no somos capaces de cuidarlo. Dos Estados para dos Pueblos, no es una fórmula que solucione la paz mundial. Deberíamos inventar un mundo adicional para poder separar la paja del trigo, la civilización occidental y el fundamentalismo islámico. Es seguro que en los próximos años ninguna de las dos partes sobrevivirá sin la victoria sobre la otra. Es impensable que se vaya a eliminar la mitad del planeta, por lo cual viviremos en una guerra constante por la supervivencia. Como el agua y el aceite, será imposible mezclarlos. El islamismo quiere someter al resto del mundo bajo sus ideas, su religión y su cultura violenta exenta de todo tipo de garantías. La libertad será para los occidentales el valor principal pero deberán luchar para mantenerla contra seres irracionales cuyo método de matar es siempre el más cruel, el que cause más daño y más dolor. Occidente aún no se ha dado cuenta lo pronto que llegará esta tragedia a golpear sus puertas.
Hoy es cómodo hacerse los distraídos, pero mañana será muy tarde. Los fanáticos musulmanes se han colado por cuanta rendija se les ha presentado. Los países de Europa tendrá tantos viviendo en su seno que no podrán controlar sus actos. Así verán peligrar sus costumbres, su educación, sus familias, sus bienes y hasta su gobierno. Más tarde podrán perder su idioma, sus creencias, su religión, sus iglesias o sus templos. Al final, una vez instalado el Califato islámico que pretenden, los harán sus esclavos y perderán la libertad.

 Despertar a tiempo es mejor que morir después

Millones de fanáticos están esperando el momento para someterte o matarte sólo por ser diferente. Lo están haciendo con acciones y decisiones que posiblemente no notes todavía. Las acciones violentas son observadas en los videos de la red como si se tratara de una película y no de la realidad. Mientras tanto, nadie hace nada, “hay que seguir viviendo”. Es muy egoísta dejar a nuestros hijos y nietos este problema para que explote en sus manos. En el mundo hay millones de buenas personas. Pero qué hacen para afrontar esta desgracia? Nada, absolutamente nada. El fútbol, los reality show, telenovelas, películas, todo es bueno para llevarlas fuera de la realidad que prefieren ignorar. Poca gente se preocupa de lo que está pasando y en analizar cómo los va a perjudicar. La mayoría no considera importantes las cosas que pueden cambiar su vida de manera tan negativa. Mejor no sufrir ahora, mientras dure, y si eso es cierto, después se verá. Pero después es tarde, ya no habrá nada que hacer. Las personas malas son muchas menos, también millones, pero muchísimas menos que las personas buenas. El problema es que se dedican full time a hacer el mal. El motivo de su existencia es hacer el mal, trabajan para ello, piensan, sueñan, programan, preparan todos los actos de maldad que van a realizar. Por eso son tan peligrosas y por eso parecen muchas más. Cometen actos atroces, atentados, hechos violentos, agresiones. Ellos atacan cuando menos se espera y nunca estamos preparados. Incluso si fuera posible la fantasía de tener dos mundos para dos civilizaciones la violencia y el peligro no desaparecerán. El mundo occidental seguiría con sus luchas por el poder, con sus injusticias, pero con posibilidades de manejar situaciones con ciertas normas o reglas más acordes al ser humano. En el mundo fundamentalista islámico se matarían unos a otros con la mayor crueldad posible, destruirían todo lo que hay sobre la Tierra hasta que la existencia humana fuese reducida a la nada. Yo quiero vivir en el primero, difícil, complejo, también algo violento, pero posible. Quien quiera vivir en el otro puede seguir atacando a la civilización occidental de la que reniega y pasarse al fanatismo. Cuando nacemos no elegimos donde vivir, pero cuando crecemos podemos hacerlo.

Los medios protestan. Muchos países observan en silencio
Mientras los medios vociferan, (en su gran mayoría conectados al islamismo por sus millones de dólares) tratando de que Israel sea culpado de todo lo que le pasa a los ciudadanos del mundo entero, varios países, incluso árabes, hacen silencio sabiendo del peligro que hoy representa el fundamentalismo para ellos.
No hacen silencio porque aman a Israel, no lo hacen porque lo apoyan, ni siquiera porque están de acuerdo con lo que esta vez están haciendo. Saben que el Califato en ciernes los amenaza y empiezan a reaccionar, en este caso callando, no condenando a Israel como solían hacerlo en otras oportunidades. Esto no puede tomarse como un cambio en el tablero de ajedrez del Medio Oriente. Es un tema puntual. Israel los favorece cuando se defiende del terrorismo, a la vez hace el trabajo que otros deberían afrontar, sin transferir costo alguno, ni en vidas, ni en dinero. Ellos hubiesen querido que Netanyahu siga hasta el final, hasta acabar con Hamás. ■